Historia

Antes de la llegada de los misioneros jesuitas y el establecimiento de las primeras misiones en la península de Baja California se habían efectuado varias expediciones en busca de un territorio rico en oro, plata, perlas y ambar. Desde 1535 había un gran interés por ocupar estas tierras y explotar esa supuesta riqueza, pero la aridez de la mayor parte del territorio, la hostilidad de algunos grupos indígenas -que siempre fueron un peligro latente y las dificultades para introducir y desarrollar los cultivos agrícolas fueron factores importantes que lo impedían.

Hacia 1697 se autorizó a los padres Eusebio Francisco Kino y Juan María de Salvatierra de la Compañía de Jesús -con la condición de que se encargaran de sus propios gastos-, a incursionar en la península para evangelizar a los indígenas. Así, la primera misión que se estableció en suelo californiano fue la de Nuestra Señora de Loreto, fundada por el padre Salvatierra a finales de 1967, la cual sirvió como base para la expansión de las misiones. Durante los 70 años del período jesuita se fundaron 18 misiones, las cuales se extendieron poco a poco hacia el sur y el norte.

Luego de la expulsión de los jesuitas en 1768 -ante el enojo de los terratenientes y mineros por el supesto enriquecimiento y las propiedades acumuladas por la Companía de Jesús y por las protección que daban a los nativos-, la corona española invitó a la orden de los franciscanos a instalarse en territorio americano.

De esta manera, en 1769 llegaron los primeros franciscanos, bajo las órdenes de Fray Junipero Serra, a tierras californianas con el propósito de establecerse en las misiones jesuitas y seguir con la construcción de misiones más hacia el norte, labor que hacia 1772 fue continuada por frailes dominícos.

 

History

Before the foundation of the first mission towns in the californian peninsula, as a consequence of the official permission given by the superior authority of New Spain to the jesuit missionaries Eusebio Francisco Kino and Juan María de Salvatierra, several expeditions with colonization purposes had already been realized since the conqueror Hernan Cortes came to this land in 1535. Most of these were organized in order to find presumed gold and silver deposits and pearls beds along the gulf coastline, though they failed because the settlers were not able to overcome the dryness of the soil, wich impeded an efficient development of agriculture activities. Also the eventual hostility of local indian tribes, not always friendly as a result of some violent events occured in the past, blocked the way to the spaniards for about 170 years, as we said, until the jesuit order established the mother of all californian towns in 1697, the Mission of Our Lady of Loreto.

The above mentioned license of the king of Spain allowed the jesuit missionaries, at the expense of their own institution funds and donors, to be in charge of the religious and social education process of native people and run with the political and justice administration over the indians and the few hired soldiers that helped them since th beggining.

After the establishment of Loreto, 16 more jesuit mission towns were born in peninsular California between 1697 and 1767, a little before the members of the Compañía de Jesus were exiled from all spanish territories. These were, in chronological order, the missions named San Javier, Mulege, San Juan Bautista, San José Comondú, La Purísima Concepción, Guadalupe, La Paz, Los Dolores, Santiago, San Ignacio, San José del Cabo, Todos Santos, San Luis Gonzaga, Santa Gertrudis, San Francisco de Borja and Santa María de los Angeles.

When the jesuits were forced to leave the peninsula, the spanish monarchy asked the franciscan friars of Mexico City and Guadalajara to take and continue with the missional administration, wich they did for 5 years, until they left for Alta California conquest in 1773. Franciscans built only one mission town in Baja California: San Fernando de Velicata, not too far from actual village of Rosario. Their substitutes were the dominican monks, whose labour gave 9 more mission establishments to the peninsular California: El Rosario, Santo Domingo, San Vicente, San Miguel, Santo Tomas, San Pedro Martir, Santa Catarina. El Descanso and Guadalupe. Dominican administration weakened littel by little during a long process that ended in 1854, with the secularization of the last mission town, Todos Santos.